Los hechos y/o personajes de esta relato no son ficticios. Cualquier similitud con la realidad no es pura coincidencia.

martes, 15 de septiembre de 2009

Siempre quise cambiar el mundo. Mi frase es ‘puedo tenerlo todo’. Hay personas que dicen ‘quiero todo, o nada’. Yo sólo digo ‘quiero todo, o todo’.Para mí no hay no como respuesta. Pero con algunos años de experiencias, aprendí que todos morimos, y somos olvidados. Y nadie cambia el mundo. Ningún mártir cambió mi vida, ni ningún escritor mi corazón. Y no dejo de pensar, que hay algo que pueda hacer para no convertirme sólo en un número más. Y creo que entre todos los escritores, hay uno que me impacta más. Y entre todos los santos, hay uno al que invoco más. Y entre todas las canciones, hay una que elegí como preferida. Y entre todas mis amigas, hay una que indudablemente es la mejor.Pero parece ser que yo no tengo madera ni para amante, ni para amiga. Ni para ser odiada, ni para ser de verdad querida. No soy ni el peor enemigo, ni su persona preferida. Soy sólo telonera, una más en escena. Entro y salgo, pero nadie se fija de verdad en mí.¿Cómo contar una historia original si ya todo ha sido contado? ¿Cómo revelar un misterio si ya no hay misterios por revelar? ¿Cómo escribir la mejor canción, si nací demasiado tarde como para innovar? ¿Cómo recorrer el mundo si es demasiado grande? No importa cuántos chicos castaños de ojos marrones caucen furor. Siempre quedará el clásico 'rubio de ojos celestes', sólo porque este estereotipo es más difícil de encontrar.Y no importa lo que haga tras el telón. No importa cuánto aporte a la obra, ni mis esfuerzos, ni nada. Sólo se piden autógrafos a los protagonistas. Lo que hago bien, es mi responsabilidad. Lo que hago mal, lo debo mejorar.Nunca seré demasiado buena, ni la peor. No recibo premios, ni castigos.. En cada aspecto, adonde sea que voy. Seguiré intentando, dando mi mejor sonrisa desde el rincón. Porque tal vez alguien algún día sienta curiosidad por mirar un poco más allá.

el efímero mundo de la utopía de soñar



En el campo de lo que a mí me gusta llamar vida real, no todo es posible. Si bien de chica la idea siempre me simpatizó y hasta llegué a creerla, un buen día (que aunque no recuerde, supongo que debe haber sido difícil y doloroso) entendí que hay proyectos que nunca vamos a poder concretar, cosas que no vamos a poder hacer, ideas que van a morir en el mismo lugar donde nacieron: nuestra cabeza.Sin embargo, hace un tiempo descubrí un lugar en donde se consigue todo lo que se quiere. Cualquier idea loca que se haya producido en nuestra mente puede llegar a concretarse de un momento a otro. Puedo volar sin estar encima de un avión, aparecer en el país de las hadas sin haber consumido ninguna sustancia rara, ver a mi abuelo sin necesidad de tomarme un bondi hasta el cielo.El utópico mundo de los sueños es mi medio de transporte a todo lo que en vida real no puedo concretar. Muchos pueden considerar el hecho de soñar una actitud mediocre. Una herramienta que utilizan quienes no pueden lograr cosas en su vida. Sin embargo, yo creo que es mediocre no animarse a soñar. Privarse de semejante lujo por temor a imaginar cosas que luego se convertirán en una desilusión al no ser concretadas.Hoy opto por soñar. Ser feliz en esos ratos de vuelo efímero, ya sea en el bondi o en plena clase de geografía. Los sueños son mi motor para después implementarlos en la vida real, exacto.